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BRASIL: UN LUJO PARA TODOS LOS SENTIDOS

Las travesías organizadas por Viento Sur en Brasil se desarrollan en Angra dos Reis, a 168 kilómetros de Río de Janeiro. Con más de 360 islas y 2.000 playas, este litoral es un paraíso para la navegación

La compañía Viento Sur se dedica desde el año 2001 al alquiler de embarcaciones de gran eslora, tanto para el ocio como para gestión de eventos, en España, Costa Azul y Brasil. Entre sus actividades destaca la asistencia a eventos como la Copa América , el Gran Premio de Fórmula 1 de Mónaco y el Carnaval de Río de Janeiro .



Pero si Viento Sur destaca entre las compañías nacionales de chárter es por haberse especializado en Brasil como destino de crucero de lujo. Su profundo conocimiento de la zona asegura un asesoramiento privilegiado en cuanto a las áreas de navegación y las actividades de ocio y turismo, con información fidedigna acerca del clima, la navegación y las costumbres del país . Por sus años de experiencia en Brasil tienen relación profesional con todo tipo de empresas de servicios y transportes; por lo que el cliente puede solicitar desde un helicóptero hasta la organización de un catering a bordo con el campeón de cócteles de Brasil. Todo es posible, ya que el chárter se diseña a la medida de cada cliente.

La flota de Brasil está formada por embarcaciones de gran eslora con tripulación, entre ellas destacan un Ferretti 80 y un Azimut 105, con todas las comodidades y equipadas para el ocio con motos de agua, fuerabordas, equipos de pesca y snorkel. Viento Sur se encarga también de organizar y gestionar todas las actividades que se deseen realizar durante la travesía, como excursiones, fiestas, traslados o cursos de buceo en alguna de las escuelas de la zona . La gastronomía corre a cargo del chef de a bordo, que cocinará comida carioca o bien diseñará un menú a medida para el cliente.

UNA SEMANA EN EL PARAÍSO

La travesía puede empezar, de este a oeste, recalando en Ensenada das Palmas y cruzando a pie la isla hasta la costa atlántica, donde está la hermosa playa de Lopes Mendes. Cerca se halla Saco do Céu, un fondeo protegido, de parada obligada por su belleza y por la deliciosa comida de su pousada. La próxima cala de Sitio Forte también es un buen punto de recalada. Rumbo a Ilha Grande, la más extensa de Angra dos Reis -con 174 kilómetros cuadrados y 106 playas -, la embarcación se desliza por aguas verdes rodeadas de espesa vegetación tropical. Desde esta isla y en dirección al continente, la travesía depara lugares paradisíacos como Ilhas Botinhas, o Ilha de Gipoià, donde visitar Praia do Dentista.



La siguiente recalada es Paraty. Esta pequeña ciudad colonial fue uno de los puertos más importantes del país en el siglo XVII . La riqueza de ese periodo se refleja en sus bellos y conservados edificios coloniales, declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO . En la actualidad, cientos de visitantes se adentran en sus calles o en la sierra de la Bocaina, para visitar una de las últimas reservas de selva tropical atlántica. Paraty también ofrece innumerables playas vírgenes de arena blanca, y pequeñas y tranquilas bahías con aguas de color verde esmeralda. Para disfrutar del ambiente de Paraty vale la pena hacer tierra una noche para comer en uno de sus restaurantes, tomas unas caipirinhas en los bares con bosanova en directo y dormir en una pousada, como la Sandi o la Marquesa.

Al día siguiente, una buena opción es poner rumbo suroeste hacia las islas de Catimbau, Algodâo, o hasta el Saco do Fondâo y fondear al abrigo de Ilha Cotia, o llegar al Saco de Mamanguá. Pero si se desea vivir una experiencia exclusiva, Viento Sur ofrece la posibilidad de alquilar una isla privada , Francisca o Sâo Joâo, a grupos de hasta 20 invitados.



El yate se fondea y se duerme en los lujosos apar tamentos y bungalows, que cuentan con tres playas privadas, pista de tenis, campo de fútbol, entre otros equipamientos, además de helipuer to, barco para transpor te y una embarcación auxiliar.


Los fiordos noruegos

Enclavada en la península escandinava, Noruega es una tierra estrecha y alargada que se extiende por cerca de 387.000 km2. Eminentemente montañosa y repleta de magia visual, en ella la oscuridad y el frío tornan en belleza y esplendor gracias a su frescura y pureza natural. Prácticamente toda su vertiente este limita con Suecia salvo la parte más septentrional que lo hace con Finlandia y tímidamente con Rusia.



El resto de sus terrenos están bañados por el agua, donde las corrientes atlánticas se mezclan con las árticas, propiciando la formación de los fiordos, joyas de indudable valor paisajístico y geológico que rozan con el Mar de Barents al norte, el Mar de Noruega y el océano Atlántico al oeste. Estas zonas describen un increíble contraste de pobladas montañas que alcanzan los 2000 metros con los fiordos, que llegan a profundidades que en ocasiones sobrepasan los 1000 metros.

Noruega es un país avanzado, que merece ser conocido no sólo por los vikingos y el salmón, sino por su alto nivel de calidad de vida que también pasa por un escrupuloso respeto a la naturaleza. Algo de lo que podemos dar fe en sus aguas cristalinas y la pureza del aire que respiran, en las especies de flora y fauna en óptima conservación y como no, en estos magníficas formaciones geológicas que son los fiordos, cuyas rutas son el mayor atractivo para visitantes de todo el mundo.

Conviene explicar en que consiste un fiordo. Se trata de laberintos de bahías de agua de mar talladas por los glaciares. La peculiaridad es que Noruega es la única zona del mundo en que estas aguas penetran tan en el interior de la tierra formando estas masas de líquido. Este fenómeno viene designado por el vocablo noruego fjord que atendía a un antiguo valle ocupado por las aguas tras la fusión del hielo. Aunque las rocas escarpadas y la vegetación dan una estampa no muy diferente de la costa cantábrica, el contraste con la mar en calma ofrece una inquietante sensación ante la que cualquier persona se ve insignificante.



Stavanger

La ruta de los fiordos va desde Bergen a Trondheim, pero su antesala esta en Stavanger. En esta ciudad podemos comenzar nuestro viaje, al sur del país y si llegamos en avión podremos deleitarnos ya al contemplar la salvaje y telúrica estampa repleta de lagos y montañas, siendo nuestro objetivo primordial conocer este paisaje más de cerca.

Pero primero conviene que nos familiaricemos con el entorno. Con su gélido clima, en primer lugar, si bien resulta más variable de lo que podemos pensar. Los noruegos, especialmente al sur, también se visten de corto en verano. En segundo lugar, podemos aproximarnos a la sociedad noruega, comenzando por la estimación de su mentado nivel de vida. Pasar de coronas noruegas a euros no será agradable para la mayoría de los visitantes de la Europa mediterránea.

Stavanger se considera capital gastronómica del país, por lo que es un lugar magnífico para interesarnos por su cocina. Entre sus alimentos típicos están la panceta curada, el tocino con frutas y los embutidos de ciervo, así como las setas de cardo, los pasteles caseros kratekaker, el chutney de manzana y tomate y las fresas, consideradas postre nacional. Mención aparte merecen sus delicias marítimas, entre ellas la merluza, la trucha del fiordo, rodaballo, ostras, vieiras o la langosta. Y el salmón, claro.

El fiordo de Stavanger será el primero que visitaremos. Aquí podemos subirnos por primera vez a un barco para ponernos en la piel de un vikingo que surcara en su día los desfiladeros a bordo de sus imponentes embarcaciones, las drakkars. Si la belleza de estos parajes se aprecia en tren o en coche, en reposo o en movimiento, nadie puede visitar las regiones de los fiordos sin atravesar sus aguas. Una sensación mística propia de la literatura fantástica, que aún puede ser mayor si emprendemos una excursión hacia la cima de un gigantesco cubo de mineral que domina este fiordo, no apto para los temerosos de los precipicios.



Bergen

Pero cualquier peculiaridad social o cultural de esta tierra, por interesante que resulte, queda en nada comparada con su ruda, a la par que armónica naturaleza. Y aunque desde Stavanger podemos visitar Lysefjord, es en Bergen donde comienza propiamente la ruta de los fiordos. En esta, la segunda ciudad más grande del país, se encuentra el muelle de Bryggen, joya histórica construida hace setecientos años que ha sido declarada patrimonio de la humanidad por la UNESCO. Resulta una zona encantadora con sus pequeñas casas coloridas y sus angostas calles empedradas.

Se sale de la ciudad tomando el ferrocarril y enseguida nos topamos con los primeros fiordos, lagos y ríos de corrientes poderosas. Según ascendemos con la locomotora, vemos asomar entre los barrancos las verdes praderas del valle de Berg. Aquí podemos admirar Sognefjord, uno de los mayores fiordos con sus 160 km de largo y unas paredes rocosas que en algunos lugares alcanzan altitudes por encima de los 1.000 metros además del glaciar de Briksdal, que también ofrece vistas espectaculares.

Nuestro viaje discurre por Myrdal con grandes desniveles hasta Flåm, a los pies del fiordo de Aurland. Aquí podemos tomar un ferry para surcar sus aguas, así como las de Nærøy, famoso por ser el fiordo más estrecho del mundo. Ambos son ramales del mencionado fiordo de Sogn y del segundo hay que destacar que es una de las recientes adiciones a la lista de Patrimonio Mundial de la Humanidad, junto al de Geirange.

Podemos apreciar en la placentera ruta las diferentes tonalidades del mar, en constante oscilación entre matices verdes y azulados, así como el desafío a la gravedad de algunas granjas que sobresalen de las abruptas laderas. La zona está regada por enormes cascadas y saltos de agua que se precipitan con fuerza, aunque el líquido se vaporiza antes de caer. Al paso por Undredal se puede echar un vistazo a la iglesia de madera más diminuta de Noruega. También habrá ocasión de parar junto al hotel Stalheim, desde donde se escruta todo el valle.



El barco llega al puerto de Gudvangen y desde aquí la mejor opción es tomar un autobús en dirección a Voss. Su trayecto pasará por Stalheimskleivane, la carretera más escarpada de toda Escandinavia, con trece revueltas apuntando hacia el cielo. El camino bordea las cascadas de Sivle y Stalheim. Llegamos a Voss, zona famosa por su estación de esquí, de las más populares del país, que es muy visitada por los propios noruegos.

Hora de terminar nuestra ruta, emprendemos la vuelta a Bergen en tren si vamos apurados de tiempo. De otra forma, nos queda la opción de la carretera principal que se desliza por un laberinto montañoso en el que destacan los escabrosos desfiladeros del Tokagjell. Llegaremos primero a Norheimsund, una villa turística que se encuentra al borde del inmenso Hardangerfjord y finalmente de vuelta en Bergen podremos descansar de un viaje tan enriquecedor como agotador.

En otra ocasión se puede emprender excursión a los fiordos del norte, que se encuentran en zonas más inaccesibles e incomunicadas, adentrándose en las proximidades del Círculo Polar Ártico. Es una zona muy misteriosa pero no tan apta tanto para el turista convencional como para el explorador o aventurero. Aunque todo esfuerzo se verá premiado si la expedición la hacemos durante el verano. Entonces, podremosn contemplar el sol de medianoche en el Cabo Norte, el punto más cardinal de la placa continental.

También en estas frías aguas del norte podremos contemplar ballenas y osos polares en las albinas montañas. Y por supuesto se recomienda el crucero a los archipiélagos de las Islas Lofoten y las Vesterålen, hermosa y anciana tierra de pescadores con más de tres mil millones de años de antigüedad. Todo un cúmulo de sensaciones en un paraíso natural repleto de cascadas, fiordos, hondos valles, ríos salvajes y picos de nieve eterna que a cualquier turista dejará literalmente helado.

 

Monasterios benedictinos en España

Testigos de la historia desde las alturas



La orden de los benedictinos ha contado con gran influencia en la historia de España a través de su papel evangelizador y conservador del legado cultural. Sus abadías fueron auténticos motores que han dinamizado nuestro devenir desde la Edad Media. Un papel elevado que parecen ilustrar algunos de sus monasterios en España, caracterizados por sus enclaves apartados, en ocasiones erigiéndose cual fortalezas del sosiego y el saber sobre parajes naturales.



Santa María de El Paular

Situado en Rascafría, en las inmediaciones del Valle de Lozoya, el convento de Santa María de El Paular es una de las obras arquitectónicas más relevantes de la comunidad madrileña. Su belleza monumental hace juego con la riqueza del entorno y es fue en su día un majestuoso un centro de cuanto acontecía en el valle. Pasó por momentos difíciles pero ha sobrevivido hasta ser en la actualidad, un emplazamiento que conjuga belleza arquitectónica, artística y natural.

Fundado en 1390, es el primer monasterio cartujo edificado en el Reino de Castilla y es además el de mayor tamaño. Fue concebido por Enrique II de Trastamara en su lecho de muerte para librarse del arrepentimiento por haber incendiado otro convento de la misma orden durante sus campañas militares en Francia. Su hijo Juan I fue el encargado de llevarlo a cabo, aunque el arte lo pondrían los diferentes arquitectos, que fueron transformando el complejo a lo largo de los siglos posteriores, haciendo de la obra un crisol estilístico en el que destacan gótico y barroco.

La Cartuja fue vital en la vida económica y política del Valle hasta 1835, cuando la desamortización lleva a su abandono y venta a particulares. En 1876 se la declara Monumento y ya en 1951 se cede parte a los benedictinos mientras que el Pabellón de Caza y el palacete de Enrique III se convierten en hotel. Entonces los monjes comienzan a vender sus quesos, miel, libros y música coral, a la par que reciben importantes visitas de políticos, artistas y pensadores.

Desde el punto de vista arquitectónico, se trata de un espacio extenso y no exento de cierta confusión derivada de las muchas manos que lo han trabajado. Lo más notable de su reducida iglesia es el retablo de alabastro que pertenece a la segunda mitad del siglo XV, así como el atrio. También se puede apreciar el barroco en su Transparente, con mármoles de colores y columnas salomónicas. Otros atractivos son el amplio claustro, el refectorio, la biblioteca así como los jardines, patios y huertas con estanques.



San Salvador de Leyre

Situado en un paisaje de desfiladeros y ríos se alza en un rincón de Navarra el Monasterio de San Salvador de Leyre, a unos 50 kilómetros al sureste de la capital y limitando con Aragón. A vista de pájaro domina el pantano de Yesa desde su posición en la ladera sur de la sierra de Errando. Su ubicación hace de él un valioso mirador, ya que se encuentra rodeado de magníficos parajes desde las montañas de Jaca al Oriente, hasta la basílica de Ujué por Occidente. Las aguas del embalse que se pierden en el Canal de Berdún aportan al conjunto una sensación serena que potencia la paz reinante en el lugar.

Este cenobio fue centro espiritual del reino de Navarra en el siglo XI, cuando Sancho III el Mayor lo eligió panteón real y construyó la iglesia sobre la cripta. Un conjunto consagrado en 1057 que supone una de las primeras muestras del románico en España. Destacan en él las altas bóvedas de la cripta con grandes arcos perpiaños que reposan en primitivos capiteles en forma de embudo. Otros puntos en que fijarse son sus tres ábsides, la torre y la Porta Speciosa con su riqueza decorativa con relieves que la emparentan con otros templos del Camino de Santiago.

Se trata de un monumento recio y menos pulido que otras abadías posteriores, lo que en este caso le otorga un valor añadido. Aunque anexo hay habilitado un hotel, donde pueden establecerse por un tiempo los visitantes, también el propio monasterio cuenta con servicio de hospedería, para disfrutar del sosiego y adherirse a la forma de vida de los monjes, aunque una vez más, es una opción vetada a las mujeres. Además, acoge visitas todo el año y tiene recorridos guiados por sus dependencias.



Valvanera

Los monasterios constituyen el patrimonio artístico riojano más valioso. La mayoría se concentran en el Valle de Najerilla, tierra de paz y religión. La comunidad es una zona muy poblada de edificios religiosos, hasta el punto de haber una ruta que incluye el monasterio de Suso, el de Yuso, el de San Salvador de Cañas o el de Santa María la Real de Nájera. En este itinerario destaca el de Valvanera, una de las construcciones benedictinas más relevantes de la península.

Se halla a 60 kilómetros de Logroño, a mil metros de altura debajo de las nieves invernales de los montes Pancrudos. Es un entorno de sublime naturaleza salvaje, repleto de profundos y dentados barrancos. Este conjunto, llevado también por benedictinos, custodia la figura de la Virgen de Valvanera, patrona de La Rioja y considerada a su vez una de las representaciones marianas más antiguas del país.

En el edificio destaca la torre románica y la iglesia, de origen anterior al resto. También son de admirar la portada y la esplendida galería exterior. Una vez más, el monasterio es acogedor con los visitantes, cumpliendo funciones de hospedería y restaurante.


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